8 de octubre de 2026 · Valentín Stancu
Devlog #2 — Llega el cooperativo: cuatro tenderos, una tienda
Last Store on Earth tendrá modo cooperativo para hasta cuatro jugadores, también en la demo. Os presento a los ocho tenderos y todo lo que podréis hacer juntos: voz, walkies, señas, gestos… y algún tortazo.
Hola, Keepers 👋
Llevo unas semanas sin contaros nada, y no ha sido por falta de trabajo. Hoy por fin puedo enseñaros en qué he estado trabajando: Last Store on Earth tendrá modo cooperativo para hasta cuatro jugadores, desde el primer día y también en la demo.
Hasta ahora, en esta web y en Steam, decíamos que el multijugador era «una intención, no una fecha». Ya no es una intención: está en marcha, y lo estamos probando a fondo.
Subir la persiana
Cuando quieras compañía, subes la persiana y decides quién puede entrar:
- Mis amigos: cualquiera de tu lista de amigos de Steam.
- Con invitación o código: solo quien invites o quien tenga el código de tu tienda.
- Cualquiera: tu tienda aparece en la lista de tiendas públicas, para quien quiera echar una mano.
Le pones nombre y, si quieres, una descripción. Hay sitio para cuatro tenderos. Si te llega una invitación mientras juegas, el juego guarda tu partida antes de llevarte a la tienda de tu amigo.
La tienda es de quien la abre, y el progreso se guarda en su partida. Lo vuestro también va ahí: si volvéis otro día, cada uno recupera su tendero y su experiencia.
Ocho tenderos, ninguno repetido
Antes de empezar, eliges quién eres. Hay ocho tenderos: cuatro mujeres y cuatro hombres, de 20 a 71 años, cada uno con su historia, su carácter y su color. En una tienda compartida no se repite ninguno, y también eliges tendero cuando juegas solo.
Además, cada uno trae un objeto suyo y una habilidad que solo él o ella sabe usar. ¿Qué hacen? Eso, de momento, es secreto: lo descubriréis jugando. 😉
Os los presento:
Wara Quispe
20 años · Chatarrera de desguace
Se crió entre coches muertos, en el desguace de su padre. Del «antes» solo conoce lo que dejó tirado. Se paró en el cruce porque la persiana estaba entera y eso, al peso, eran muchos óbolos. Luego vio las baldas.
Rabiosa y desafiante, con la lengua afilada. No les perdona a los mayores el mundo que le dejaron.
Hugo Lin
24 años · Rotulista
Su abuelo tenía un bazar en el barrio y le enseñó a escribir con pincel. Pintó nombres de pueblos y avisos de agua para quien le diera de comer. Se quedó porque ya nadie sabía leer el cartel de la tienda.
Callado, perfeccionista y en las nubes. Puede pasarse una hora mirando una pared.
Iria Carballo
31 años · Contrabandista en moto
Pasaba tabaco en moto por pistas de monte; luego medicinas, y luego lo que pagaran. Del último viaje volvió a pie, sin moto y sin carga, y cada vez que lo cuenta la historia es distinta.
Descarada, temeraria y una mentirosa encantadora. Se ríe de todo, y del peligro la que más.
Ousmane Diop
37 años · Cocinero
Cocinero de menú del día en un polígono. Con el racionamiento aprendió a dar de comer a cuarenta con lo de diez. Lleva su cuchillo envuelto en un trapo. Buscaba una cocina y encontró una tienda.
Orgulloso y exigente. Generoso con la comida y tacaño con los elogios.
Doina Lupu
46 años · Electricista de alumbrado
Quince años subida a farolas en una brigada de alumbrado, y de las últimas en bajar de la escalera. Vio de lejos la farola rota del cruce, colgando de su cable, y no fue capaz de dejarla así.
Alegre, cabezota y ruidosa. Canta en lo alto de la escalera y discute a gritos, pero no guarda rencor.
Anselmo Oria
58 años · «Compro oro»
Compró el oro de medio barrio cuando empezó la Marchitación; luego el oro dejó de valer. Hoy tasa lo único que vale, lo que funciona. Llegó buscando un mostrador: es el único sitio donde sabe estar.
Zalamero y calculador. Te llama «caballero» mientras te tasa los zapatos.
Trinidad Nsue
64 años · Bibliotecaria
Treinta años en la biblioteca municipal de su barrio. Cuando ya no iba nadie, siguió abriendo; cuando hizo falta leña, escondió los libros buenos. Entró en la tienda porque las baldas estaban torcidas.
Maniática del orden y un poco pedante. Habla bajito, corrige a todo el mundo y cuida de los demás sin que se note.
Joaquín Galván
71 años · Barbero
Cincuenta años afeitando al mismo barrio, hasta que no quedó barrio. Sabe la vida de todos y nunca ha contado ninguna. Según él, una tienda es una barbería donde se vende otra cosa.
Ceremonioso y coqueto. Trata de usted a todo el mundo y no sale sin peinarse.
Lo que se puede hacer juntos
Todo lo que haces solo, lo puedes hacer acompañado: limpiar, cortar muebles con la radial, reparar, pintar, colocar el género, poner precios, pedir a Garcés por la radio y atender a los clientes. Cuando alguien llega al mostrador, el primero que empieza a atenderle se queda con esa venta, y los demás siguen a lo suyo.
Hablar: voz, walkie y chat
- Voz de proximidad. A cada uno se le oye desde donde está, y la voz se va apagando con la distancia: si tu compañera está en el almacén, desde la calle no la oyes. Puedes hablar pulsando una tecla o con el micrófono abierto.
- El walkie. Para lo que está lejos, Garcés vende walkies por la radio. Con uno encima hablas con cualquiera que lleve otro, esté donde esté, con su sonido de radio. Quien no lleva walkie no se entera de nada… salvo que esté al lado del que habla.
- Chat de texto, con el nombre de cada uno del color de su tendero.
Señas sin decir nada
No todo el mundo quiere hablar. Para eso está el manojo de etiquetas: etiquetas de cartón con un sello, atadas a una anilla. Eliges una («Ven aquí», «Mira esto», «Peligro», «Arregla esto», «Cliente»…) y se queda colgada en lo que estás señalando, para que la vean todos.
Gestos
Con otro manojo, este de cartulina verde, tu tendero hace un gesto, y la cámara sale a tercera persona para que lo veas tú también: bailar (hay cuatro bailes distintos), aplaudir, saludar, hacer una reverencia, decir que sí o que no, «ni idea»…
Y el tortazo
Todos tenemos ese amigo que se queda plantado en mitad de la puerta mientras va a por un café. Para él existe el tortazo: le das uno, se le va la cara de lado, le queda la marca roja de la mano y le dan vueltas las estrellitas. Y de paso se aparta de la puerta. El chat, por supuesto, se encarga de que se entere todo el mundo.
Qué se comparte y qué no
- Compartido: la tienda, la caja (el dinero es de la tienda), las misiones, que avanzan para todos, y el mundo: la hora, el tiempo y el generador.
- De cada uno: la mochila, el hambre y la sed, y la experiencia del oficio. Cada uno sube sus propias habilidades.
- Las habilidades de los tenderos: solo puede usar cada una su dueño. Algunas ayudan a todo el equipo y otras solo a quien la lanza. Cuáles son cuáles… también lo descubriréis jugando. Eso sí: cuando alguien usa la suya, se nota.
El anfitrión manda
Quien abre la tienda decide, jugador por jugador, si puede cobrar, construir, pedir a Garcés o cambiar los precios. También puede silenciar la voz o el chat de alguien, bajarle el volumen, echarle o vetarle. Tu tienda, tus normas.
¿Y cuándo?
Desde el primer día. El cooperativo en línea estará en el juego desde el momento en que podáis probarlo, demo incluida.
Ahora mismo está en pleno desarrollo: lo estamos probando a fondo y algunas cosas cambiarán por el camino.
Si queréis estar ahí ese día con vuestros amigos:
- Añadid Last Store on Earth a vuestra lista de deseados en Steam
- Uníos al Discord: ahí os iré contando cómo va, y podréis buscar compañeros de tienda.
Y ahora, decidme: ¿con qué tendero os quedáis?
— Valentin, King Island Studio
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